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Cambios del accionar político tras el advenimiento de la postmodernidad

La inquietud sobre el accionar político del individuo de hoy surge a partir de la contemplación de los cambios significativos que se han producido en las sociedades actuales con el advenimiento del la globalización.

 

Luego de tener contacto con ideas que dan cuenta de que el proyecto de modernidad, que a todo le establecía un orden y un proceso, comenzó a perder vigencia, he querido observar cómo el individuo ha sido orientado hacia una nueva racionalidad impulsada desde la globalización y el capitalismo. Todo con el propósito de analizar cómo ha sido afectado el accionar y la participación  política del sujeto en la actualidad, es decir, en el marco del mundo globalizado y el nuevo modelo de sociedad.

 

Teniendo en cuenta que la integración mundial y las redes de mercado a nivel global han influido directamente en la constitución de la sociedad actual, este escrito plantea una observación sobre el ámbito político de una sociedad que se concibe integrada dentro de un mundo que se muestra unificado bajo el manto de la globalización.

 

A la hora de mirar el accionar político del modelo de sociedad vigente, (más individuo que sociedad), se puede observar que el individuo como sujeto político ha perdido importancia en cuanto a su acción participativa se refiere. Es decir, la inclusión y toma de partido se da más por la auto inclusión en las dinámicas de la sociedad de mercado, donde el sujeto importa en la medida que pueda producir y consumir, más que por lo que pueda proponer. De esta manera, toma fuerza la afirmación del sociólogo alemán Beck Ulrich, al señalar que la política en las sociedades modernas se limita al espacio del Estado.

 

(…) Las sociedades modernas (…) son no políticas, toda vez que el quehacer político se desplaza hacia – y sólo hacia – el espacio del Estado”[1]. En este planteamiento, Ulrich da cuenta de cómo la individualidad en la que se encuentra inmerso el ciudadano de las sociedades surgidas a partir de la globalización, ha dejado como encargo el accionar político al ejercicio del poder.

 

El poco interés en la participación política ha dado como resultado sociedades ahistóricas, acríticas y apolíticas, lo cual hace imposible crear cultura política y consolidar procesos democráticos reales.

 

Otra figura recurrente en el marco del ejercicio de la política y del poder propiamente dicho, es, según Renán Vega Cantor y Mario Peña Aguilar, “el populismos”[2]. Los autores tratan de ubicar este fenómeno más claramente en la vida política de los países latinoamericanos, donde advierten una sensación de caudillismo que se limita a entregar el poder sin tomar más acción y sin pretender participación mayor.

Pero sin duda uno de los cambios fundamentales producidos en el accionar político con el advenimiento de la globalización o segunda modernidad, según la denomina Ulrich, es la transnacionalización de la política y del Estado, donde el mercado comienza a imponer ámbitos políticos y los hace girar alrededor suyo. Es la época de la “soberanía dividida y maniatada”, es la “democracia cosmopolita” que se apoya en los derechos fundamentales transnacionalmente válidos.

 

Tal transnacionalización y democracia cosmopolita a la que hace referencia el sociólogo alemán, es explicada como el paso de la época de la política internacional, que era dominada por los estados nacionales. “(…) ahora ha empezado una época de política post-internacional en la que los actores nacionales y estatales deben compartir escenario y poder global con organizaciones internacionales, así como con empresas transnacionales y movimientos sociales y políticos también transnacionales”[3], es decir, una sociedad mundial sin Estado, no sin la figura  del estatal propiamente dicha, sino que el ámbito supra-estatal se ha impuesto en el marco de las ideas globalizantes.

 

Estos cambios políticos ya habían sido anunciados por Friedrich Nietzsche al referirse a esta época. “Ya han pasado los tiempos de la pequeña política  (…) el siglo próximo va a inaugurar la pugna por el dominio de la tierra, el imperativo de la gran política”[4].  

 

Entonces, la democracia cosmopolita ha puesto a los Estados Nacionales de la modernidad, -que eran el centro del accionar político- en problemas para consolidarse políticamente y compromete su capacidad para asegurar “el bien común y el carácter civil de la sociedad”, lo que crea una competencia entre las instituciones estatales y las transnacionales, “politización mediante la despolitización de los Estados”[5].

 

Si ya he mencionado la transnacionalización de la política y del Estado, como un cambio fundamental del accionar político en el marco de la globalización o postmodernidad, no se puede dejar de lado otra transformación igual de importante, o mejor mencionarla con nombre propio. El fin del Estado Nacional y de la democracia en su más amplio sentido de diversidad, lo que algunos coinciden en señalar como el “la muerte de la política”.

 

La política en un Estado descompuesto tiende a desaparecer. Se halla reducida a la defensa de los “Derechos Humanos”, que son una reivindicación de la diferencia entre individuo más que de la comunidad de las personas. Del actor político se pasó al espectador político. Hay mayor interés en la vida privada del político que en sus políticas, que, por lo demás, brillan por su ausencia en las campañas. Además, de la preocupación por la política de la sociedad o de la comunidad se dio el salto a la preocupación por lo que Bauman llama “las políticas de vida”, es decir, las formas individuales de llevar la vida frente al consumo, frente al endeudamiento, frente a cómo lucir, cómo aparecer, porque -como se ha visto- la estética ha desbancado a la ética y a la política[6]

 

De esta manera, con la muerte de la política y el fin del Estado Nacional y de la democracia, anunciada por sociólogos como Jean-Marie Guéhenno, la política nacional-estatal se queda sin cimientos y se produce una reorganización del espacio político.

 

Marta Harnecker, socióloga chilena, sostiene que para que la acción política sea “eficaz” frente a los desafíos que enfrenta con el advenimiento de nuevas sociedades desde finales del siglo XX y en el siglo XXI, se necesitan instancias capaces de orientar y unificar los múltiples esfuerzos que espontáneamente surgen como forma de resistencia y de promover otros[7].

 

La autora retoma la tesis de algunos movimientos de izquierda que proponen “emprender urgentemente esta tarea” y ensayar nuevas formas organizativas que se ajusten a los nuevos tiempos. Tales nuevas organizaciones políticas deberían articular prácticas de emancipación y crear proyectos políticos incluyentes, que revivan la participación de la sociedad moderna en el accionar político.

 

En este sentido, Ulrich Beck, señala que los grandes grupos de perdedores del proceso globalizador carecen de percepción política y han llegado a desconfiar de los planteamientos políticos de la derecha y de la izquierda, puesto que en medio de la sensación de individualidad propia de la globalización, desconfían de ambos bandos para no comprometer su futuro económico[8], ya que en ninguno de los lados se sientes incluidos. Es por eso que Harnecker propone que en los nuevos planteamientos políticos de la izquierda en América Latina, se debe recoger ideas del más diverso orden e incluir a sectores marginados políticamente en el ejercicio del poder.

 

Conclusiones

 

El nuevo modelo de sociedad implantado por la dinámica de la globalización, es una sociedad que refleja su accionar político desde las tendencias que han marcado la generalización no sólo política, sino cultural, económica y social. Es decir, la forma como participamos en el proceso globalizador, se ve reflejada en esa apatía política, que no es más que esa falta de acciones reflexivas sobre el mismo sistema.

 

Así pues, la individualidad en la que estamos inmersos por razones de consumo o de producción -ambas controladas por la dinámica del capital global que marca las tendencia que se asimilan sin importar hacia dónde van y sin cuestionarlas- es el inicio de una apatía sobre lo histórico, que impide tener referentes de los sucesos y anima a la instantaneidad.

 

Ahora, la supra-estatalidad generalizada, las limitaciones del poder local y el cambio del papel del Estado, desembocan en un ambiente de bloqueo de conciencias que produce apatía política y en nuevas formas de la política estatal y transnacional. Un nuevo dominio político que no está al interior de los Estados, que a veces es imperceptible, pero que influye directamente en la política nacional.

 

De esta manera, entre las muchas transformaciones políticas traídas por la globalización y la postmodernidad, bien puede destacarse la aparición de sociedades que ya no participa en las decisiones que antes partían de lo más pequeño del Estado. Las decisiones ahora se toman de modo lineal y los intereses comunes dejaron de tener un lugar natural.



[1] ULRICH, Beck. Qué es la Globalización. Cap IV, La apertura del horizonte mundial: hacia una sociología de la globalización, pág 46.    

[2] VEGA CANTOR, Renán y PEÑA AGUILAR, Mario. Ideal democrático y revuelta popular. Universidad Nacional, 1998.

[3] ROSENAU, Gilpin y Held. Citados por ULRICH, Beck, Op.cit. Cap IV, La apertura del horizonte mundial: hacia una sociología de la globalización, Política post internacional, pág 60.    

[4] NIETZSCHE, Friedrich. Werke in drei Bände, vol 2, pág 672.

[5] Ulrich, Beck. Op.cit. Cap VI, Entorno a la sociedad mundial: perspectivas concurrentes, La sociedad mundial como política no democráticamente legítima, Sociedad mundial sin Estado Mundial, pág 147.    

[6] URIBE CELIS, Carlos. Zigmunt Bauman o una sociología de la modernidad. En: Cuadernos de Sociología. Universidad Santo Tomás. Bogotá. No 42 (julio-diciembre. 2007); pág 144.

[7] HARNECKER, Marta. Acerca del sujeto político capaz de responder a los desafíos del siglo XXI”, ensayo 2003.

[8] Ulrich, Beck. Op.cit. Errores del globalismo, la carencia de política como revolución, pág 171.    

 

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