Por siglos se pensó que la riqueza de los océanos del mundo era inagotable y el hombre comenzó a extraer indiscriminadamente estos recursos para satisfacer sus gustos y necesidades. Sin embargo, con el correr del tiempo, la sobre pesca de especies y algunas prácticas irresponsables, han demostrado que estos recursos se están agotando.
El concepto de pesca sostenible, deriva de las prácticas responsables y de las artes de pesca que hacen lo posible por causar impactos menores en los ecosistemas marinos. Actos tan sencillos como respetar las vedas, las tallas de peces y las zonas protegidas, son sólo algunas medidas que pueden hacer una realidad este concepto.
Hoy, la cantidad de peces en tallas aptas para ser pescados y puestos en el marcado para satisfacer la demanda mundial, ha disminuido en un 90%. Entre tanto, anualmente se devuelven siete millones de toneladas de peces sin vidas al mar, producto de la pesca industrial a gran escala, que no es selectiva en sus formas de captura.
Sin embargo, aún es posible frenar este problema medioambiental que pone en peligro la vida en los mares y la subsistencia del hombre mismo. Si las flotas pesqueras del mundo redujeran sus tamaños, así como las dimensiones de sus redes, la situación mejoraría. Igualmente, si tanto la industria pesquera como los consumidores exigieran tallas de peces entre la media de madurez (59,3 cm) y la media de captura (68,7cm), lo cual garantiza que los especímenes alcancen a reproducirse. De lo contrario, se estima que para el 2050 no habrá recursos pesqueros en abundancia.
En Colombia y el mundo, algunas formas de captura de peces como la pesca de arrastre, las redes de cerco y las redes de enmalle, ponen en peligro la sostenibilidad pesquera, ya que estas prácticas capturan especies a las que no va dirigida la pesca, no son selectivas en las tallas y algunas, como las redes de enmalle, corren el riesgo de perderse en el mar y seguir enredando especies por tiempo indefinido.
En el caso de las redes de arrastre, pesca que va dirigida a la captura de camarones, se extraen 14 kilos de pescados por cada uno de camarones. Estas especies, en la mayoría de los casos, son devueltas sin vida al mar porque no son consumibles ni comercializables. Otras prácticas como la red de cerco, que va dirigida a la caza de atún, ponen en peligro a manadas de delfines.
En Colombia para hacer frente a la caza de especies cuya forma de pesca no va dirigida a su captura, el Ministerio del Medio Ambiente ordenó desde 2008, el uso de un dispositivo excluidor de tortugas en las redes de arrastre para salvaguardar esta especie. Sin embargo, medidas como estas se quedan cortas a la hora de proteger los recursos pesqueros en el país. En Colombia no hay veda para las redes de cerco desde 2010, no hay cuotas de pesca fijadas para la captura de atún y tampoco hay una legislación que regule oficialmente la pesca de mar. Tal es el descuido, que un país con 1.300 kilómetros de costa sobre el Océano Pacífico y 1.600 sobre el Mar Caribe, sólo cuenta con una Zona Exclusiva de Pesca Artesanal, comprendida entre Bahía Solano y Punta Ardita, en el Chocó.
Una alternativa responsable
La línea de mano es el arte de pesca más amigable con el medio ambiente y el que mejor puede seleccionar las tallas y especies antes de capturarlos y ponerlo en el mercado. Esta forma de pesca, que no afecta los arrecifes coralinos, si bien es de una producción baja y controlada, se constituye en una alternativa frente al creciente problema de sobre explotación de los mares.
Iniciativas promovidas por la ONG Mar Viva y la cadena de restaurantes Wok, le están apostando a la comercialización de producciones pesqueras obtenidas causando el menor impacto ambiental posible, garantizando calidad y frescura al tiempo que promueven la pesca selectiva de especies, en la Costa Pacífica.
Desde 2009 estas dos organizaciones promueves la producción de línea de mano y apoyan a la Red de Frío conformada por 60 familias de Bahía Solano, Chocó, con el propósito de crear una oferta diferente y ofrecer productos marinos obtenidos de una forma amigable con el medio ambiente.
La idea es hacer de este arte de pesca responsable una opción sostenible con la garantía de frutos marinos obtenidos de forma legal, respetando las tallas, las espacies y las zonas protegidas, sin poner en peligro la biodiversidad marina de nuestro país.
En el caso de la cadena de restaurantes Wok, hace cuatro años también excluyó de su menú a especies como el mero, un pez que se encuentra en vía de extinción y que actualmente figura como el único depredador conocido para el pez león, especie foránea que amenaza la variedad de peces en nuestros océanos así como la existencia de los arrecifes coralinos.
Pero el mero no es la única especie de peces apetecidos por los consumidores de pescado nacionales que se encuentra en peligro de desaparecer. Según la Fundación Mar Viva, variedades como la raya, el marlín, los tiburones y el pez vela, se encuentran en alto riesgo, junto a otros como el pez espada, que corre un riesgo medio.
Así pues, cada vez que usted se acerque a un supermercado o se encuentre frente a la posibilidad de consumir recursos pesqueros, pregúntese sí el pescado que va a degustar fue capturado de forma que promueva la pesca sostenible, que garantice la continuidad de los ecosistemas marinos, y tenga en cuenta que no se trate de especies amenazadas o de ejemplares que no alcanzaron a dejar cría, ya que en el país no existe ninguna certificación que lo garantice.