Con ley o sin ella, nos van a seguir negriando
Sé que hay muchos (negro e indígenas entre ellos) que niegan la existencia de la discriminación racial y nos señalan a quienes manifestamos haberla sentido alguna vez, de paranoicos y resentidos. Pero el racismo es una realidad, una realidad muy presente en todos los escenarios de la vida nacional.
Que se pretenda tipificar el racismo como delito es una muy buena intención, que se le abona a un Estado que históricamente ha sido mezquino con las minorías étnicas del país, pero no es suficiente para erradicar del imaginario colectivo de la sociedad colombiana las prevenciones que hacia negros e indígenas sigue teniendo.
No sé si el hecho de promulgar una ley y automáticamente convertir en delincuente a gran parte de la sociedad colombiana, sea la forma correcta de enfrentar un problema que está bien marcado en la sociedad colombiana. Porque no nos digamos mentira, pero para gran parte de la sociedad, los negros y los indígenas seguimos siendo la base de una imaginaria pirámide social. O cuántos de ustedes le han dicho alguna vez a alguien “mucho indio”, queriendo insultarlo.
Pero esta vez no voy a caer en la constante defensa de las minorías, porque quiero dedicarme de lleno a la ley que penaliza el racismo. Sin duda, el racismo no va a dejar de existir porque un larguísimo articulado lo haga delito. Como la penalización de las drogas no erradica su consumo, ni la prohibición de los prestamistas gota a gota alivia las necesidades de los demandantes y la avaricia de los usureros.
No va a ser la ley la que evite el delito en una sociedad en la que no se nos educa en el marco de la pluralidad real, que rompa con el frío discurso de la Colombia multicultural. No van a dejar de negriarnos porque un texto lo prohíba, no va a haber tal igualdad sin pedagogía.
No es suficiente una ley anti racismo (promovida, entre otras cosas, por un Gobierno que no incluyó negros en las esferas importantes del poder), cuando el pueblo colombiano en pleno no está mentalmente preparado ni lo suficiente mente educado para mirarnos obviando nuestra negrura. No es suficiente, cuando no se ha erradicado de la mente de nuestros conciudadanos el imaginario del "pobre indiecito”. No es suficiente la ley, cuando nuestra educación no ha podido dejar ver las capacidades humanas de cada quien, más allá de su raza o de sus orígenes.
De todas maneras, delito o no, el niño que crece oyendo frases discriminatorias en el interior de su casa, no va a llegar al colegio a acoger a los negro e indígenas sin prevenciones, sólo porque existe la ley anti racismo.
Hablando a muto propio, porque mi opinión no pretende tomar la vocería de las minorías étnicas, no es una ley castigadora lo que quiero. No quiero una ley que castigue a quien me descalifica y señala por mis características físicas (propias de una raza) y por la oscuridad de mi piel, pero no le ayuda interiorizar valores de aceptación y convivencia. No quiero la aceptación obligada en público y el rechazo interiorizado. No quiero más hipocresía.
Más que dictar leyes, se hace necesario y urgente promover, desde el Estado mismo, la aceptación y el reconocimiento del otro sin mirar su componente racial, pero de forma práctica y también dentro del funcionamiento estatal. De lo contrario, ¿para qué una ley que muchos ni siquiera van a conocer? ¿Para qué una ley de tan difícil cumplimiento sin educación? ¿Para qué una ley que no cambiará en nada la discriminación diaria de los buses, discotecas, filas en entidades públicas y privadas y las relaciones cotidianas?¿Para qué una ley que no va a desterrar del imaginario colectivo de las personas que negros e indígenas son inferiores. ¿Para qué? Cuando con ley o sin ella, nos van a seguir negriando.
Amén