Un Homenaje a la grandeza afro
Desde hace ya una década, año tras año, la comunidad negra de Bogotá se ha convocado
para rendir homenaje durante una semana completa a la cultura afrodescendiente del país y conmemorar la abolición de la esclavitud en Colombia todos los 21 de mayo. En 2011 se conmemoran 160 años de merecida libertad, justo cuando la Unesco ha proclamado éste como el año internacional de la afrodescendencia.
Acudiendo a este periódico llamado que congrega no sólo a la población negra residente en Bogotá, el pasado 22 de mayo, un nutrido grupo de afrocolombianos, acompañado también por otros muchos connacionales, se dio cita en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, para homenajear su cultura, reencontrarse en sus raíces y entregar el premio Benkos Biohó, que reconoce a los incansables luchadores que defienden a capa y espada a su negramenta y su negrura.
La respuesta de la comunidad afrodescendiente residente en Bogotá fue tal, que una interminable fila para ingresar en el recinto daba cuenta de que muy pocos estaban dispuestos a perderse tan magno evento, donde el derroche de alegría, la música, la danza y el goce, serían los protagonistas.
A las tres y media de una soleada tarde de domingo, como pocas se ven ya en el altiplano, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán cerró sus puertas, para permitir la entrega total a un evento que prometía ser una remembranza de la herencia africana esparcida por todo el territorio colombiano y asentada de forma evidente y dominante en los litorales y riveras del norte y occidente de este territorio tropical, donde las condiciones climáticas son muy parecidas a esa madre tierra que murieron evocando nuestros antepasados.
El inicio oficial se dio con la aparición frente al atril de Adiela Dagua Aponzá y la actriz Bárbara Perera, presentadoras del evento, quienes ofrecieron un saludo general y agradecieron el apoyo del Distrito Capital para la realización del emotivo homenaje a la grandeza afrocolombiana. Las palabras de la directora del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal, Idpac, Olga Beatriz Gutiérrez Tobar, se dirigieron a reconocer que en el país y en Bogotá sí hay racismo y a manifestar su voluntad para luchar contra esta vergonzosa conducta.
Benkos Bihó, el gran ekobio
Luego de los actos protocolarios, se dio inicio a la entrega de los premios Benkos Bihó. Esta vez la estatuilla del gran ekobio, fundador de palenques, padre de la libertad de los afrocolombianos y quien dio la vida por romper las cadenas que oprimían a su sangre y a su raza, le fue entregada a un grupo de 11 líderes que como nuestros antepasados, han visto en la exclusión una oportunidad para trabajar por los suyos.
En medio una tempestad de aplausos y la emotividad de más de dosmil espectadores dispuestos a dignificar y reconciliarse con los valores propios de la cultura negra en Colombia, comenzaron a ser proclamados los galardonados con el premio que reconoce el valor, el compromiso y los logros de quienes han dedicado, en algunos casos, toda una vida para luchar por una raza que ha sobrevivido gracias a su creatividad, constancia y temple.
El primero en ser nombrado fue Juan de Dios Mosquera, director del Movimiento Cimarrón. Le siguieron Claudia Mosquera, docente e investigadora de la Universidad Nacional, Teodoro Rodríguez, médico y líder consultivo distrital; Wilbor Mosquera, docente y actual director local de educación de Usme; la Red de Maestras y Maestros Afrocolombianos, Tras los Hilos de Anase; Estela Escobar, docente e investigadora en el campo de la etnoeducación; el Restaurante Secretos del Mar, por ser punto de referencia de los afrocolombioanosresidentes en Bogotá; Sofía Rivas, fundadora de la Casa de Igualdad de Oportunidades de Bosa; el Colectivo de Estudiantes Universuitarios Afrocolombianos, Ceuna; la agrupación musical Choquibtown, por rescatar con nuevos sonidos la música del Pacífico colombiano, y se rindió un homenaje póstumo a Amir Smith Córdoba, sociólogo, periodista y pionero de la lucha por los derechos civiles y políticos de las comunidades negras en Colombia.
Posteriormente, se rindió un sentido homenaje a las víctimas de la esclavitud. Con actitud reverente la Fundación Colombia Negra entonó una salve, que despertó la sensibilidad de todos los asistentes, evocó la tierra de cada uno de los presentes y alivió las penas.
“Mafele kumbala osha”, a los maestros africanos
“Mamá Kalunga” es una voz africana referente a la matrona del trueno y la renovación de la naturaleza. Con esta invocación, pidiendo la protección de los dioses del Olimpo africano y con el tronar de los tambores que despertaron los cuerpos en reposo para dar vía libre al os movimientos, la Fundación Colombia Negra se robó los aplausos de un público que no ocultó ni un solo momento su emotividad.
Luego, entre el frenesí de tambores que invadió todo el recinto y a la sombra de la penumbra, que daba un toque mágico a la escena, el Bullerengue Sentao, con sus movimientos cadenciosos se abrió paso con planimetrías perfectas y sus pasos de iniciación femenina, frente a un mural multicolor que evocaba el origen del universo, según la mitología africana.
El movimiento sin control de los cuerpos sudorosos y endiablados llegó a su punto máximo con la aparición ante el público del grupo palenquero “Matuna”, que con pasos sensuales y atrevidos subió el tono del espectáculo, acompañado por un canto autóctono interpretado por voces guturales y en lengua propia. La magia y el movimiento inimitable de sus cuerpos de ébano brillante y músculos definidos, hicieron recordar a todos que el ritmo, la cadencia y el suwing, lo llevamos codificado en los genes, para transmitirlo a todas nuestras generaciones.
Con un derroche de talento, ese que nos viene por naturaleza, la organización Ormuafro, apareció en medio de una tempestad de ritmo ofrecida por los cueros sonoros de una variedad infinita de tambores. Con pasos eróticos y animalados, los cuerpos sin control rindieron honor uno de los mayores símbolos de nuestra cultura afro: su majestad el tambor.
Los suaves, alegres y melódicos sonidos del currulao, llegaron con la interpretación magistral que hizo “Gualajo” de la marimba de chonta. Soberana, reina dueña y señora de los ritmos del Pacífico Sur.
Y como si la alegría y el goce no quisieran poner fin a ese momento de autoreconocimiento para una raza que ha estado aquí desde siempre construyendo patria y forjando el futuro, el grupo K-yo, de San Andrés, la cantante chocoana Zully Murillo y la agrupación Choquibtown, elevaron la temperatura de todos los asistentes al poner los a bailar con las más alegres expresiones de la música negra. Música que evoca el sentir más profundo de un pueblo que sobrevivió a la diáspora, conservando sus valores culturales guardándolos bajo su piel de ébano y en lo más recóndito de sus corazones.